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Full text of "Esposicion que hace Benito Laso diputado al Congreso por la provincia de Puno"

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ESPOSICION 



QUE HACE 



BENITO LASO DIPUTADO AL CONGRESO ^ 



POR 



LA PROVINCIA DE PUNO. 



■T-» m~\k TBi 



LIMA 1826: 



IMPRENTA REPUBLICANA ADMINISTRADA 

por José María Concha.. 



Durante^ la infancia de un Estado, debe suplfa* 
be con una sabia administración el defecto de las 1&+ 
yes, aguardando d que empieze á fijarse la suarte det 
pueblo, para echar por tierra el edificio de las pris 
&££#£ instituciones^ 

Filapjieii ele&oa de la lejislacian^ 



fc-O w O-0' 



^5» 



ooCo-o; 



:o-oqoo3iof 



MOTIVO DE ESTE ESCRITO. 



jEi 



.141 3r de marzo se tubo en esta capital la alar** 
mame nolicia ele que S. E. el Libertador había dad» 
providencias serias para retirarse del Perú con las tro- 
pas a usi liares de Colombia, luego que se verificase la 
instalación del congreso jeneral procsimo á celebrarse* 
Se supo también que la causa de una medida tan vio- 
lenta, era porque se le habia hecho entender, que al- 
gunos individuos no cieian necesaria su permanencia en 
Ja república para sistemar su felicidad ; y que lo sumo 
de su delicadeza lo habia obligado á dar un paso que 
sostuviese el lleno de su gloria, y el único plan que se 
ha propuesto en su ht rojea carrera, la libeitad del mun- 
do americano. 

Apenas podra' describirse la consternación que 
apareció en los semblantes de todas las clases, y de 
todos los individuos residentes en Ja capital. Tribunales., 
municipalidad, comerciantes, militares, y particulares, 
"volaron inmedíalanunte á la Magdalena, a' suplicar á S. 
E., variase su resolución, y quisiese permanecer aun 
entre nosotros, sin dejarnos espuestos a todas las caí 
lamidades que eran consiguientes á la falta de su abrigo.. 
Se dice igualmente que ajentes estranjeros tomaron, 
una parte muy interesada en la misma suplica, y 
aseguraron á S. E. que la suerte del Perú estaba 
afl«¿esa a' su presencia é influjo. 

En lance tan estrecho no habría podido la re- 
presentación nacional, sin un crimen, quedar indife- 
rente a' un suceso de tanta importancia. El hizo la mas 
■viva impresión en los diputados al congreso nombrados 
por las provincias, que en número de sesenta y siete ha- 
bían empezado va á reunirse de orden del gobierno pa- 
ra preparar la apertura de las sesiones; y convocándose 
SÍ** dtmoia á ítna reunión estraoi diñaría., fueron unáni- 



Il 



ttiemente cíe parecer se envíase al Libertador tina c<h 
misión numéricamente solemne á exponerle: que el Pe- 
rú' por el órgano de sus representantes no permitirá 
que le abandone, y que su permanencia en los mis- 
mos términos que lio y gobierna, es el primer interés 
de la república. 

Una espreslon tan jeneral, y decidida de los 
encargados por las provincias para consultar el bien 
de la nación hirió la sensibilidad de este hombre estraor- 
dinario, que sabe unir en grado sublime el ardiente amor 
que lo debora por la libertad y la gloria, con aquella 
Doble docilidad de espíritu que desplega, cuando se 
trata de servir á sus semejantes. La comisión en efec- 
to tubo el placer de llenar - su encargo, inclinando el 
animo de S. E. á quedar entre nosotros, y á pres- 
tar sus ausilios al Peni, en cuanto ellos sean necesa- 
rios para fijar su prosperidad, 

Yo, que fui uno de los de la comisión, y de 

la 




entos, á fin de que mis compatriotas se penetren de 
que este paso, es el que, después de las batallas de Ju- 
nin y Ayacucho, ba decidido de la suerte del Perú. 

Be dicho, la siuceridad de mis sentimientos, por- 
que protesto que mi conciencia es la que me ha diri- 
jído en este lance. Yo be creído y creo, que la perma- 
nencia del Libertador en el Perú, y su alta influencia 
en los negocios de la república, es el único apoyo de nues- 
tra tranquilidad seguridad y liberta!, y la única 
base de nuestra estabilidad futura : y si yo no bu- 
bies? procedido eficaz y activamente conforme á es- 
ta convicción, ha-bria sido un servil de opiniones aje- 
nas, un traidor á la confianza de mis comitentes, un 
criminal detestable a' los ojos de mi patria. 

Desearía no escribir en Lima, porque algunos 
de aquellos espíritus débiles, que en la época de la 
revolución no han sabido arrostrar el despotismo es- 
panol, pelear y sacrificarse por la independencia, po- 
drán quizá sospechar, que mis votos y producciones 
son hijos de la lisonja. Nada temo sino el delito; 
nada espero sino la calma de mi conciencia: y no 



Hay na hombre sobre la tierra, á quien crea yo deber 
sacrificar mi razón y el bien de la humanidad. 

Quisiera igualmente al escribir este papel no 
ser peruano, sino un viajero que pudiese, sin compro- 
meter los afectos naturales, dar al público sus obser- 
vaciones sobre la verdadera situación, y circunstancias 
del Perú. Así me seria menos ruboroso descorrer el 
velo, que la distancia, la política, ó un alucinamien- 
to propio pone entre nuestras faltas, y el verdadero 
estado de las cosas. 

Mas no puedo obrar de otro modo: se trata de 
la salud del Peni, y para aplicar los remedios conve- 
nientes es necesario descubrir el orijen de sus dolencias,] 
calcular sus fuerzas para graduar la dosis de los medi- 
camentos. Sin este ecsamen prebio, no haremos mas que 
paliar el mal, y conducir nuestro Estado naciente á 
su sepulcro por medio de consuelos pasajeros. Tal es 
mi modo de ver; y me apresuro á publicar mis ide- 
as, para que los sensatos hagan justicia á mis procedi- 
mientos, y les den el valor que merezcan en el tribu- 
nal de la opinión. 

Para llenar mi proposito, me dinjire rectamen-f 
te al corazón de mis compatriotas, que sienten como 
yo, los provocaré con sencillez y sin artificio á que 
observen con miras imparciales y reflecsivas los obje- 
tos que los rodean; y yo seré feliz, si logro que al^ 
gunos deslumhrados con las teorías alagüenas, se po« 
Ben en estado de desterrar sus ilusiones. 



_'as naciones, así cerno los individuos , en toJ* 
e: curso de su ecsistencia política jaran por toditg 
las épocas que median desde la cuna hasta el sepul- 
cro. En su infancia débiles, activas en su juventud^ 
vigorosas en la virilidad, y corrompidas *n ¿u ve- 
jez, jamas puf den alterar r.i adelantar el orden coa 
que marchan á su destino. Sería impo8¡b?e que un es- 
tado naciente tuviese la actividad y vigor de la edad. 
juvenil, ni la madurez y prudencia propias de los que 
por una constitución sostenida con los siglos, dan á 
merced de la costumbre misma un carácter firme a' sus 
instituciones. Así, todo aquel que se proponga establecer 
la forma y Ujislacion de un país, jamas acerlaiá en el plan 
de su obra, mientras no la acomode a la época precisa 
de su ecsistencia: (i) á la manera que un vestido no 
puede ser ayroso y ajustado al cueipo de un hombre, 
xaientras no fea proporcionado á tedas sus dimeríicresH 
Bajo este punto de vista es que deben mirar 
al Perú los que se hallan encargados de fabricarle el 
re paje con que va a' presentarse y figurar en el gran 
teatro del mundo político: no sea que, ó por demaisado» 
estrecho le quite el movimiento y soltura^ ó por muy. 
largo y holgado de á cada paso traspiés, y caiga en 
los precipicios. Estas macsimas deberían tenerse á la 
vista para formar nuestra constitución, sopeña de exponer- 
nos, ó a retai dar nuestra carrera acia la pros- 
peridad , © a' sumirnos en los horrores de una líber-, 
tad ckríosa.- pero yo me afcstendié al presente de 
fij ar las bases sobre qv.e deba levantarse la forma de 
nuestro réjimen: solo me detendré á establecer las re- 
laciones que ¡or hoy ligan al Ferií con su Libertador^ 



(i) jísí cerno un Arquitecto, dice Tusó, jaro lévate 
íor un edificio observa y sen cea el suelo jara ver, 
wi puede sostener el peso, asi el ¿o Lio institutor no co- 
wiensa á f oí mar lucres l<jes sin escetninar cates sé 
mi fuello d cuien las destina es propio para sopor tQ£f 



■■■■MMiHMMaBH 



? 

con el padre ele su ecsistencia política, y con el hombre,' 

cujas virtudes son las garantías de la libertad de la 
América del Sur. 

La historia de la actual revolución de América, 
ha presentado a los ojos del observador i u parcial el cua- 
dro mas compílelo del carácter y circunstancias particu- 
lares de las diversas secciones del nuevo mundo, y abier- 
to i;n campo para considerar sobre los acontecimientos 
ocurridos desde 1809. Vemos desde entonces comu- 
nicarse eléctricamente la chispa de la revolución 
luego que la península por sus convulsiones intesti- 
nas se vio trabada para obrar con toda su fuerza so- 
bre nosotros. Oímos en la Paz y Quito, Caracas y 
Uuenos-Ayres, los primeros truenos que anunciaron 
Ja emancipación : Chile, Méjico y Santa Fé, re- 
pitieron acordes el eco sagrado, y por todas parles 
resonó una sola voz ^Independencia." El Perú todo 
pudo haber correspondido al clamor del continen- 
te, y desde luego penetrándose del mismo objeto, 
manifestó en la disposición de sus habitantes esa acti- 
tud que indica los sentimientos del corazón. Cons- 
piraciones repelidas, movimientos parciales, han dado 
varias veces algún sacudimiento al común letargo; pero 
ellos no han podido comunicar su acción á la maza 
jeneral de los peruanos. ¿Que lo detuvo en la mar- 
cha emprendida por el mundo de Colon? ¿Por qué 
especie de encanto permaneció casi inmóvil en medio 
de la ajitacion americana? ¿Como es, que con mas opor- 
tunidad, y mejor apoyo olvidó el ejemplo de osadía 
que treinta anos antes le había dado el celebre Tu- 
pac-Amaru? Convengamos en que este es un miste- 
rio, cuyo descubrimiento no nos sería honroso; (2) 



[2] A principios de 1820. remití desde Tacna á 
\Chiie un papel, aue se imprimió en Santiago, invitan- 
do y rogando d los chilenos para que enviasen ta 
expedición sobre el Perú, que de antemano st tenia 
anunciada. En él espongo sucintamente las. causas- p§r 
tos que el Perú no podia insurreccionarse sin un auxilio 
da ,¡ juera. Dicho papel se ha vendido en Lima <tn 
8-2, y 23. Los que lo tengan pueden releerlo, y ver fri 
en el algunas verdades acervas, pero innegables. 



9 . . _ 

así es que pasaré de largo, sin examinar por ahora 
el cuadro de los primeros días de la revolución. 

El hecho es, que el Perú, ó no supo, ó no 
pudo trabajar por si solo en la causa de su independen- 
cia. Desde el principio fijó su esperanza en las va- 
rias tentativas de Bueuos-Ayres; deshechas estas por 
una serie de contrastes, buscó en la expedición de 
Chile un recurso á su desesperación. El jeneral San 
liarüu emprendió, no hay duda, el plan atrevido de 
libertarlo; y aui que el suceso no correspondió á lo 
grandioso de sus miras, se consiguió por entonces 
que prendiese en el suelo de los Incas el fuego 
que al fin había de consumir el anticuo solio de los; 
Reyes de Esp;ña, levantado en él sobre la sangre 
y la perfidia. Mas 1.0 era el jeneral San Martin el 
hombre nombrado por los destinos para tamaña empresa: 
sus talentos y osadía hallaron obstáculos insuperables, y 
una cadena de rebters puso nuestra suerte de peor con- 
dición que antes de 1820. A los hazares de la guerra fué 
consiguiente la desorganización interior, y grupos de 
anarquistas, ajilados de todas las pasiones juntas, se vie- 
ron levantar contra el orden y el sistema. 

Era menester por cierto un jénio extraordina- 
rio, que cou la bravura en el corazón, la fuerza en 
Ja mano, y la sabiduría en sus planes, supiese reunir 
los espiritas divididos, alentarlos ánimos acobardados, 
y afrontar á un enemigo orgulloso por sus^ triunfos, 
con aquella intrepidez que acompaña á la virtud, los 
talentos y la fortuna. Era necesario un Bolívar. Este 
es el que, á la mai era de un Dios, estrechó Jas volun- 
tades, uniformó las opiniones, restableció el orden, hizo 
temblar á ios tiranos, y en el rápido intervalo de diez 
meses creó para siempre la independencia donde quie- 
ra que se pronunció t>u nombre. 

No es mi pluma la que puede trasladar al pa<* 
peí los sentimientos de gratitud que deben los perua- 
nos á este h.imbre dixin-:::::: Vuelos oprimidos por 
trescientos anos, y devastados por quince, levantad vues- 
tra \oz lodavia temblorosa, y saludad con acciónesele 
gracias al gran Bolívar: mostradle vuestras casas de- 
molidas, vuestros campos incendiados, los lastimeros 
restos de vuestros Lijos conducidos á las cadenas, á los 



10 



patíbulos, a' los Campos de maerte: haecdle ver Ta sarfj 
gre inocente derramada par todas partes al arbitrio de 
ki ferocidad española; presentadle el negro luto que ves- 
tís fiesta hoy á impulsos del sentimiento, y alzaudo 
al cielo vuestras manos marcadas aua con las cicatri- 
ces del hierro opresor, implorad su nombre como el 
del Dios de la libertad y de la paz. 

¿Cual seria nuestra suerte sin Bolívar? ¿Cuan- 




puesto un dique al torrente impetuoso del despotismo 
peninsular! ^Quieu seria tan osado, que levantándose 
en medio de esta g ande mazmorra se atreviese a' que- 
brantar la fuerte cadena con que él, y sus hermanos- 
iabrian sido aherrojados de nuevo! ¡Quien se avan- 
zaría á llamarse siquiera Peruano! .*:::: Peruanos.* Bo- 
xivar es á quien debéis la vida, la libertad, y el 
nombre. 

Es pues la ley de la gratitud, y del mas justo 
respeto la que nos liga al Libertador con ua vínculo 
indisoluble. El nos dio el ser político: el nos salvó 
de las furias mas terribles que devoran á las socie- 
dades =e/ despotismo y la, anarquía > El es, quien 
con la espada en la derecha, la oliva en la izquierda, 
y la ley en el corazón, destruyó á los tiranos, sem- 
bró la paz, y sostuvo el orden-. El es, quien con el 
monstruoso poder dictatorial, no- ha proclamado sino 
el imperio de las leyes; quien a' la cabeza de sus le- 
giones triunfantes no ha sabido hablar sino el lenguaje 
del ciudadano. El es, quien, enemigo del nombre de 
3os Reyes, se ha constituido el ángel del réjimen repre- 
sentativo, y héchose la esperanza de los liberales de 
Europa. El' es, quien se apresura a' renunciar al man- 
do tan luego- que juzga no ser necesario su gobier- 
no. El es, quien superior á los grandes guerreros 
de la tierra, ha abandonado a' esas almas niesquinas 
la senda tortuosa de la ambición, y solo sigue, sin 
desviarse un punto, el camino que conduce a' la ver- 
dadera g\oí\az=: Salvar la humanidad. El es, a' quien, 
jauuca, nanea podremos disgustar siu la infame nota 4% 



Ingrato»? é Injusta y si el Perú no reconociese sus 
bondades, siuo le consagrase a u confianza toda, se haría 
eternamente execrable á los ojos de Jas naciones vir- 
tuosas, y su nombre seria la palabra de opiúbio cu la 
historia del universo. 

Mas, no es este noh!e principio el que uMca- 
monte nos- defoe estrechar al Libertador: es nues- 
tro propia bien el que se interesa á toda costa por su 
permanencia entre nosotros. 

Quisiera ro esiar precisado á recorrer, aunque 
de üjera, él lastimoso cuadro da nuestra situación pre- 
sente: esta es operación muy dolorosa pa;a un ama- 
dor de su propio país; y sino fuese necesario, yo echa- 
ría un denso >elo p¿ ra no descubrirlo jamas. ^ Quie- 
ran pues mis rompan iotas dispensar mi atrevimiento» 
por el fin queme p¡ opongo; y sino acierto en la aná- 
lisis de los 'objetos, atribuyase á la inecsactitud de mis 
ideas, no a la malicia de mi corazón. 

El Perú, en razón de Estado político es el mas 
recientemente nacido de todos los que ha dado á 
luz la grande revolueion del nuevo mundo. Envano- 
un noble estímulo ] or la libertad habia adelantádose 
a darle el carácter de insurrecto (.?)■:■ una multitud de 
obstáculos invencibles se han opuesto constantemente 
á* sus empresas, y La sido menester una combinación 



(3) Las primeras semillas de revolución se dejaron 
rer en el Cuzco, ion la conspiración desgraciada de 
los Farfanes y Ob.itas antes del año de 8o, en que 
Tupac-amaru, ese jénio suprior d su chse y educa* 
¿en, se dio á conocer por su espíritu emprendedor, 
r un amor ardinae á la libertad, que si lo condujo 
al pnuUh sin loriar su proyecto, hará siempre reco- 
mendaba ¿u memoria. Los planes trazados en 8o5. 
por L balde, Jguílar y sus componeros, aunque fun- 
darlos en ilusiones, acreditan vastante que en el leí ú 
había r. ¡2 esa época lombres pensadores capaces de hacer 
una g'ande tentativa en favor de la Independencia. 
intimamente la resolución de la Paz en el año 9 por 
si'' sola, es si f dene para atribuir al Perú las priméi 
$iqs de ¿a innirreacii^n jenera¿ t 




12 

jpttraordínaria ele fuerzas, intrepidez y fortuna para pro* 
dacír este fenómeno, cuya retardación hacía casi deses- 
perado el suceso. De aquí es, que liemos visto eri- 
jirse con rapidez las Repúblicas Colombiana y iVrjen* 
tina, Chilena y Mejicana, y aun el imperio del Bra- 
sil, mientra? que el Peni, atado al ominoso carro del 
réjimen colonial, y hecho el instrumento de su fero- 
cidad y despotismo, ha sido por desgracia el último 
que se ha presentado al teatro para consumar el de- 
senlace admirable de la lucha continental. El 9 de 
dicimbre de 1S24, ha sido en realidad el dia celebre 
de su nacimiento, y el corto intervalo que ha pasado 
hasta hoy es la verdadera fecha de su ecsisleucia po- 
lítica, 

En la infancia de su ser, a' penas sabe llorar, 
á la manera de un tierno niño, sus desgracias pasadas, 
y sentir su debilidad presente. La flaqueza de sus 
fuerzas, y la delicadeza de su constitución moral y fí- 
sica, no le permiten emprender la carrera cou un paso 
recto, uniforme y sostenido; y seria un temerario el 
que privándolo del apoyo de una mano protectora, lo 
entregase á sí solo en la peligrosa marcha que empieza 
á seguir para llegar al término de su perfección. Por 
esto es, que sus movimientos deben ser todabia lentos, 
circunspectos, y bien dirijidos por una fuerza bené- 
fica, á fin de que no se estravíe de la senda segura, 
m agote con su precipitación los pocos recqrsos que/ 
ton el principio de su vitalidad, 

A la par de los defectos de la infancia, adole- 
ce también de síntomas particulares y jenerales, que 
liarían iuevitablé su desorganización, si la prudencia, 
la' moderación, y un Uno sobrenatural, no fuesen afor- 
tunadamente los caracteres de su educación primera. 

La diversidad de castas de que abunda es una 
especie de gangrena que prepara la disolución, siempre 
que desde el principio no se sepa neutralizar la ignoran- 
cia é ideas groseras de las unas, los falsos conocimien- 
tos de las otras, y los intereses encontrados de todas. (4), 

({) Este solo punto ofrece abundante materia pa¿ 
T* serias jr profundas refacciones* Yo habría gfc» 




1$ 

La casta indíjena, esta porción numerosa y dosí 
graciada de nuestro suelo, que bajo el gobierno pater- 
nal de los Incas fue la raza mas ¡nótente que se Jia 
visto sol) e la tierra, adquirió desde entonéis esa cie- 
ga y apática sumisión, que ha sido y sera^ por mucho 
tiempo fxta! a' los progresos de su civilización. La do- 
minación co ] oniil, pu*ece haber aní piilaJo en ella ese 
instinto, por el que aun el hombre salvap aspira á* 
conservar la dignidad de su especie. No es dado á 
nuestros esfuerzos vio'enlar 'a época de su ilustración,, 
porque esta sera' el fi uto larJío de medí las sabias, pru-. 
dentes, é indirectas, que al paso que difundan en ella 
los conocimientos sociales, vayan despertándole esas non 
bles pasiones, que son el resorte de las virtudes cívi- 
cas. Entre tanto, toca á la circunspección de nuestros 
políticos indicar los medios de preparar sus adelanta-^ 
mientos, sin comprometer la suerte del estado, para 
que a' su vez se coloquen los iadíjenas^en el rango de 
los hombres cultos y puedan desempeñar coa utilidad 
las funciones de la ciudadanía. (5) 

Nuestra moral está sistemada sobre el egoísmo^ 
y aquellas pasiones rastreras, que debilitando la fuerza 
elástica del ánimo, apenas dan lugar á las maniobras 
comunes de que el injénio hace uso para sacar ventar 
jas. En el cálculo de los intereses de España estaba 
trazada nuestra educación mimosa, quijotezca, ó abatida 
y á esta política perversa, es que debemos el estado de 
degradación, conque tal vez nos hemos dejado ver ea 



dido detenerme en él cuanto fuese conveniente para pre* 
sentarla en su verdadero aspecto: pero conozco e) piis 
*n que escribo , y juzgo mas útil y prudente dejar, 
á la penetración de los sensatos las observ iciones qu& 
es necesario hacer pan reg'ir nuestra política. 

(5) Dos SS. diputados del primar congreso instalada- 
en 822 eran de sentir , que nuestros iuljents tiene* 
las luces y virtudes necesarias para ser republicanos* 
¡Que consecuencias tan bellas y agradables señan da, 
espejarse de una opinión tan siagularl Parece que es-i 
tos SS. ó no conocen el Perú., ó no tienen idea, «e* 
jacta de las, virtudes republicanas. 




- . . . . MF 

los iiTtTmos anos. Yo me guardaré Je rsíendcr sin fega 
tricciones rsta aplicación odiosa. Sería un injusto y 
necio oirio descubrirse en medio de «csotios algunos 
líombres dignos de los países virtuosos y sabios: pero 
también seiía un orgullo risible apropiar a' nuestro ca- 
rácter jenéico esas dotes que distinguen a' los estados 
h'iQii constituidos, por la masa considerable de luces y 
-virtudes que se observa en un grande número de sus 
individuos. 

Yernos en efecto, por donde quiera que ToT*a-! 
mos los ojos, una apatía jcneral que adormí re los án i-? 
anos: una adhe^on tenaz a' las habitudes anejas: una 
falta de ese espíritu público, que hace a' los hombres 
trabajar oficiosamente por el bien de los demás. Ni 
ios mandones, ni los subditos saben gobernarse sino á" 
la usanza de los españoles. Las nuevas instituciones. 
ise ejecutan á medias por mutuas resistencias, ó se anu-v 
3an del todo, porque no halla apoyo su cumplimiento) 
fin los mismos interesados. 

Todavía mas: no se conoce en nuestras jentes el 
'espíritu nacional, que es el fomento poderoso del amor 
patrio y el nombre de Peruano apenas tiene en el vul- 
go un vago é indiferente significado. ¿Pero que mu-; 
cho? En ano y poco mas que la mayor parte del Pe-* 
Tú dejó de ser colonia, aun no han tenido sus habitan- 
tes tiempo para rif!t ccionar sobre el nuevo orden de 
«osas. Ellos han visto desaparecer Jos jefes peninsu- 
lares, y vivar la Patria en lugar de Fernando; pero no» 
Jban podido comprender, m tocar los grandes resultan 
dos de una mctamóifosis tan cstraot diñaría. Pasivos 
en su conducta civil y política escuchan sin emoción 
el nombre de ciudadanos, y la soberanía popular es 
una frase sin sentido, ó de un sentido desorganizador 
en el concepto de los díscolos. 

resisten en nuestro suelo, ron todo el inTujo de 
Ja preocupación, las ideas caballerescas que tienden sin 
cesar a' una aiistocracía chocante con la igualdad ci- 
■vil, y que no podían desvanecerse siio a merced del 
tiempo, que haga perder la ¡Jmion. 

Se hallan clases numerosas privilegiadas, pana 
las que cualquiera ¡i. novación ó reforma que ataque sus 
esenciones é intereses, será una alalina capaz de su- 




"íncrjímos en im abismo do desorden os. 

Un grupo inmenso de aspirantes y quejosos sé 
ha levantado por todas partes, que gritan con osadía 
en solicitud de destinos. E los, tengan ó n<5 mé- 
rito y aptitud para desempañarlos se juzgan acre- 
edores a' su goce. El gobierno por su parte, ui pue- 
de crear empleos para todos, ni conferir los que bay¡ 
a' quienes no sean capaces de servirlos. Para estos la 
administración siempre es injusta, y nunca dejarán de 
conspirar á las mudanzas, porque con ellas esperan nie-t 
jorar su suerte. La empleo-mama que hemos hereda-i 
do de los Españoles, es uno de los mas terribles- es-< 
eolios de nuestro gobierno naciente. Por donde quie- 
ra, no encontramos sino descontentos, anciosos de que 
se cambie la escena, no porque aspiren á la mejora 
de las instituciones jenerales, sino porque no es su for- 
tuna individual, cual la habian calculado con el estable-* 
cimiento de la independencia; y es muy íacil que esa 
clase de hombres se abance a' trastornarlo todo, tanv 
luego que falte una autoridad enérjica, que sepa cobm 
filiarse el respeto» 

Tenemos aun entre nosotros infinidad de jecn 
tes que no se han desprendido de su amor al sistema 
colonial. Esta raza de enemigos, que por hoy dormi-t 
ta, porque no vé de cerca un apoyo de su esperaa-í 
xa, se complacería de nuestras convulsiones y desgra-t 
cias , porque estas podrían exponernos á ser de nuevo? 

Í>resa de León de Iberia. Ellos abusando al presente der 
a moderación de nuestro gobierno, se atreven á cen- 
surar todas sus providencias y establecimientos , y sa- 
can de nuestros errores indispensables consecuencias 
vilipendiosas contra el actual réjiaien.. Ellos, no se din 
de , son los primeros facciosos , porque son los mas 
descontentos , y hasta que el tiempo y la desesperación' 
debi'ite la fuerza de su capricho , no perdonarán ar« 
bitrio para desconcertar nuestra marcha , y facilitar st 
«us antiguos amos un plan de reconquista. Sabemos bien,j 
cine el último recurso con que cuenta España para res-i 
taurar su dominación , es fomentar la división entre/ 
nosotros , y sobre todo sembrar en las nuevas repú- 
blicas una guerra relijiosa ; y aunque nuestro clero eé¡ 
ger hoy demasiado adicto á las ideas iliberales ¿Qu¿<¿1 









i6 

nos asegurará que uno ú* otro puea"a d su ret ser el 
horroroso instrumento de las infames maniobras de Fer- 
nando ? (5). 

Sin esto , se nota en los pueblos una guerra 
torda entre los antiguos patriotas y los egoistas , y aun 
los que fueron declarados enemigos de la causa. Los 
primeros , tratando de hacer valer sus servicios ante la 
opinión pública y granjearse las consideraciones del go- 
bierno , tienen la imprudencia , y algunas veces la ne- 
cesidad, de arrostrar á ios otros su demérito. Los se- 
gundos y terceros , que nada han espuesto por la li- 
bertad , y se bailan en posesión de to las sus comodi- 
dades , sienten bajar del rango y aprecio que les había 
proporcionado , ó su egoísmo , ó los triuufos reitera- 
dos de los españoles .• asi es que no perdonan medio 
para conservar sus empleos honores y reutas. A. falta 
de mérito, echan mano de los recursos que tienen con- 
sigo , y lo que es peor , se empeñan en desacreditar 
"las opiniones y conducta de los patriotas ante el go- 
bierno y él vulgo. Muchas veces han sabido triunfar 
ellos por sorpresa ó por intriga, dejando a' los insurjentes 
condenados a' la miseria y desesperación: otras, el go- 
bierno ha ocupado por necesidad los talentos de algu- 
nos que en la época de la revolución se mostraron 
enemigos de ella; y he aquí , que este es un escán- 
dalo para los que solo cuentm servicios políticos, sin 
atender a' las aptitudes personales. Entre las invectivas 
y nuevos ataques que se cruzan, se encienden los odios 
~ y rivalidades ; se establece un sistema tenaz de opre- 
sión mutua que aleja la unidad de ideas y sentimien- 
tos; y el resultado podrá ser a' su vez una divtMoii 
desa^lroza. Entretanto» el gobierno es quien sufre el re- 
bote de los tiros dé ambos partidos , y comunmente 



(5) El escandaloso atentado del clérigo Asto^ga en 
'la villa de San Juan, que después de i5 años de in- 
dependencia no interrumpida , se at reinó á enarbolar 
el eslaudarle español , con el pit testo de defenderla 
fe' , es un ejemplar que no debe perderse de vista, y 
que oh' i i;a d mirar con cien ojos d ¿es godos de todas 
¿r o/e ¡iones t 




*7 
se les calífioa por unos y otros de injusto impolítico 

ó débil. 

Nada mas fácil pues , que muchos de los an- 
tiguos patriólas, ya sean los que ligaron la suerte de 
la patria á las mejoras de la suya , ó ya aquello* que 
pelearon por so'o su entusiasmo patriótico , al verse 
desnudos de los haberes que sacrificaron , y cargados 
de ideas de su mérito ( abultado siempre por el amor 
propio ) , apetezcan una variación que ofrezca á su es- 
peranza la indemnización de su mala fortuna. Por su 
parte los oíros, que no advierten en sí un mereci- 
miento efeclivo , y que no sienten ya jicbre sus ope- 
raciones la influencia del gobierno español , abrazaiian 
gustosos un paitido en las primeras convulsiones, para 
figurar el patriotismo que antes no tuvieron , sea que 
se pongan al lado del orden , ó en defensa de las 
pretensiones populares. (7) 

No es menos digna de considerarse la secta 
numerosa de leoristas que graza con rapidez en todos 
los lugares. Estos , sin mas guia que su iraajinacion 
ecsalloda con el fuego de la edad ó del TEMPERA- 
MENTO , creen hallar en cada libro que llega á sus 
manos ? todas las h ees necesarias para conducir un 
pueblo acia la libenad y felicidad, Kilos no cuidan de 
estudiar detenida é imparcialmeente el libro casero del 
país propio .• no vuelven la vista a' las Repúblicas ve- 
cinas , para ecsaminar las causas de las terribles al- 
ternativas que han sufrido y sufren todavía: y sin to- 
marse el tri abajo de comparar nuestros caracteres con 

por 
en 
es 
el lióla que el Espartano ó el Ateniense , el Scila que 
el Romano , el Irglés que el Persa , y el Peruano in- 
díjena que el Americano del norte. Algunos hay, que 
sin reparar en los obstáculos , quieren que los abusos 
se destierren con solo un golpe , y acusan á la auto- 
ridad , poique r¡o ataca las preocupaciones y los vicios 
de frente y sobre la marcha. 




(7) Lo hemos visto ya , y muy recientemente* 
5J 3 






Quien conozca la fuerza cíe la opinión , el qrtf 
Sepa que ella es el arbitro soberano de las sociedades. 
caícuWa cuan temible es esa clase de hombres , por 
Ja influencia que tienen sus dictámenes en la conducta 
auja , y^ del pueblo que los escucha. Los hay tan fa- 
náticos é ilusos, que no vacilarán entre el exterminio 
de los que no opinan como ellos , y el triunfo de sus 
doctrinas | y que gloriándose de ser imitadores de Bruto, 
sacrificarán, si fuese menester, su ecsistencia misma á la 
defensa de los planes que ha querido adoptar su fantasía. 
El vulgo siempre aneíoso de adulaciones, es mur 
succptible de fas impresiones lisonjeras con que suele 
alag írsele para dirijir su entusiasmo ; y nada mas fácil 
que electrizarlo un sofista , que en las reuniones ptí- 
Wicis sepa declamar con destreza en favor de los de- 
rechos populares , y contra las usurpaciones que á si* 
ente ider descubre en esta ó aquella medida del gobíen 
no. Asi es como el estudio del derecho dr-1 hombre, 
que aplicado con circunspección y tino debe hacer 
íeliz a una nación , se convierte en un manantial em- 
ponzoñado , que apresura su ruma. 

p Entretanto , son pocos los que se dedican á la 
combinación de los principios políticos con los elemen- 
tos propios dé!' país nativo; los que calculan el erado 
de i.ustracion y moralidad de los pueblos, para fijar 
Ja p oporcion justa que debe señalarse &t ejercicio de 
su soberanía y los que en sus proyectos de constitu- 
ción sepan hallar Ja diferencia ecsacta entre un Estado 
informe , y el que á costa de errores y sangre ha pues- 
to ya la base para una administración razonable. Por 
esta razón es muy justo recelar, que envueltos los 
pocos que piensan sin atolondramiento por ei torrente do 
Jos muchos ecsaltados , sucumba fácilmente la verdad 
al p^so de las facciones, y la República sea víctima 
«el partido numeroso. 

Tantos elementos de disolución que nos rodean ri 
taatai pasiones que nos hacen la guerra , tantos inte- 
reses encontrados que resisten la unidad de nuestra coi 
mun ací iou , tantas prevenciones contra el nuevo siste* 
ma , tanta apatía y egoísmo en unos , tantas aspirado* 
nes en otros, y tan pocas virtudes en casi todos, ¿no 
•e pondrán cu movimiento asi que se desvanezca t£ 



*<> 



prcslljío que sosítene 
aparecerán en nuestra 



no 



la obediencia? ¿MSI furias 
superficie, al instaulc que uh 
jenío superior deje de influir con sn dirccCici. y rebeló? 
Penetremos el corazón del hombre , analizeinoí 
bipn sus senos y ensanches, graduemos con la medida 
de la esperiencia la fuerza y estonslon de sus resortes, 
y concluiremos sin temor de errar, que el Perú se re- 
siente hoy de dos macsimos principios destructores, que 
es necesario combatir del modo posible para ponerlo 
en una marcha regular. Primero, la í'aHa de moral, 
que consiste en la ignorancia, ei egoísmo pasivo , o la 
apatía: segundo, el estado de guerra ;.uc nace del cho- 
que de opiniones de aspiraciones é intereses, consiguien- 
tes al egoismo activo. Aquel como un enemigo puesto 
á la defensiva en sis atrincheramientos no puede ser 
rendido por asalto, sino con las maniobras de un lar- 
£0, penoso, y constante sitio : este, habiendo tomado 
su posición ofensiva en el campo mismo de batalla, es 
menester sea atacado cuerpo á cuerpo, con movimien- 
tos forzados, y golpes recios, hasta alcanzar el triunfo. 
Ambos parten de un solo punto, nuestra educación, y 
solo hay diferencia en el modo con que hacen la guerra» 
El uno formando una gran maza fuerte de resistencia, 
entorpece la marcha de las nuevas instituciones: el otro 
acomete con ardor, y su empeño es introducir el des- 
orden eu la regula» idad de las providencias circunspectas. 
Si por desgracia el Perú sucumbe á este doble 
ataque que actualmente sufre, el será bien pronto víc- 
tima de tan perniciosos elementos, retrogradará hasta lo 
sumo en la senda de su organización , y veremos con 
dolor desaparecer de en medio de nosotros aquel corto 
principio de vicia con que ha empezado á ecsistir. Todo 
nuestro esmero deberá' pues reducirse a' quitar los em- 
barazos que la falta de moral y de luces opone al esta- 
blecimiento de las leyes orgánicas, y a' debilitar la fuer- 
za de las pasiones ecsaltadas, que tienden á violentar 
el curso natural de las cosas en la dirección de noes* 
Iras costumbres y conocimientos. Quiero decir, dar á 
las leyes de ilustración y educación ese grado de po- 
tencia estimulante, que es necesaria para producir ea 
el Peni una acción vital y ordenada, y moderar al mis-? 
tnu tiendo la violencia de las aspiraciones en todo je- 



30 



■ 



ñero. Ha aquí el gr.in problema qu e por ahora d be 
ocupir toda ! :i tle -ücacion de nuestros políticos , y el 
que con relación a' las circunstancias de! momento , V 
observaciones que tengo indicadas, me he propuesto re- 
solver, segun me lo permita mi corta capacidad. 

¿Será posible desterrar desde luego la ignoran- 
cia coman de nuestros pueblos, y formar en e'íos vir- 
tudes, para que inmediatamente reciban y ejecuten sin 
tropiezo J as leyes de un estado republicano} 

Este sería el mayor délos milagros que se pue- 
de i m ajinar en el orden moral. La historia nos indica 
cuan largo es el camino que tienen que andar los hom- 
bres en la marcha de su civilizarían. Salvajes en el 
estado de naturaleza, bárbaro-?, y a teces feroces en sus 
primeras asociaciones , preocupados débiles y volubles 
euaodo empiezan á recibir algunos rayos de luz, nece- 
sitan para ser y llamarse i'ustrados haber pasado quozá 
millares de anos entre errores crímenes y sufrimientos. 
Si alg mas naciones han tomado un vuelo rápido en sus 
progresos, es a' unos hombres de jenio heróyeo, ó á cir- 
cunstancias estraordinarias, que se deben eslos fenómenos. 
Catalina y Pedro el grande son los únicos que pudieron 
dar á la Rusia un impulso nunca visto en la carrera de 
la civilidad jy no es dado sino á los semi-dioses obrar 
semejantes maravillas. 

Por lo demás; el hombre naturalmente esclavo 
de la costumbre, siempre perezoso para inventar y racio- 
cinar, se acomoda mas á la imitación y a' las viejas ha- 
bitudes , que a' buscar por sí niaevos senderos a' su di- 
cha. El ejemplo autorizado por los anos es su mejor 
regla, y descansa gustoso en las opiniones recibidas. 

¡Que difícil ha sido en todos tiempos emprender 
j conseguir el adelantamiento de las sociedades contra 
el imperio de la costumbre! El Parlho y el Scita en- 
tre los aifctiguos > el Cafre el Otentote y e 1 Patagón de 
¿mestt'os tiempos fueron y son miserables en sus corre- 
rías salvajes-; y ellos no pudieron, ni al presente podran 
gustar las dulzuras de la civilización: la como lilao! y se- 
guridí l de las glandes ciudades les S"ra' odiosa, y sus- 
pirara i por los yelos del norte, ó por los riesgos, melan- 
colía y privaciones de sus desiertos. 

Es muy poco á poco, que la especie humana ptseí 



5>.T 

de salir cíe sn ron.c'TtucIon primitiva, o de aquelta en cruti 
tina edad larga !o ha colocado y mni-tcwdo. Tan am- 
iento es al esclavo subir de un sallo á la esfera de la 
libertad como aMiMnbre libre descender de improviso al 
estado de servidumbre: las cadenas mismas se hacen tan, 
amables como la gorra, cuando el cue> po se hi» acos- 
tumbrado p«r mucho tiempo á soportar su peso* y jamás 
lia di julo de hacerse resistencia á todo lo que es nuevo 
aunque sea útil y justo. ¿Poique la reforma de la filo- 
sofía que emprendieron Descartes y Gañendo sufrió una 
guerra abieita de los sectaiios de ArÍMÓteles? ¿Perqué 
la física, química, \ astronomía han tenido que vencer 
hoirorosas persecuciones? Es por el poderío de la cos- 
tumbre , que no cede su campo aun en materias de 
mera especulación. ¿Qué estraño es pues que «e des- 
plegue una resistencia vigorosa ala iutrodueion de nuc- 
irás instituciones políticas ? Estas por un principio eterno 
no son sino la alteración de la constitución moral y 
física de los páises , y no hay tentaiiva mas difícil que 
cambiarla, ni obra mas espuesta que violentar la cos- 
tumbre. 

La fuerza 6 el prestijio son los únicos que pue^ 
den vencer las dificultades que el hábito presenta j asi 
es que no vemos sino conquistadores ó profetas que 
hayan variado de vi\ modo rápido las costumbres, le- 
yes y opiniones de las naciones. Solo Moysés coi* 
sus estupendas maravillas pudo haber sacado á los ís-< 
raelitas de la servidumbre de Faraón : solo Jesús coa 
los prodijios sorprendentes de su virtud y beneficencia 
pudo formar un pueblo entregado á la moral ^ austera^ 
y destrozar los ídolos: solo AJhho.UA, conquistador yj 
profeta, mido con su espada terrib'e consagrar el Al- 
coran en los pueblos del Asia y tí la África i solo 
Alí'a , y demás caudillos <lel norte pudieron trastornar; 
la Europa , é introduciendo ea ella el gobierno feui 
dal , dar en tierra con sus principios y libertad.- solo 
los Incas , hijos del sol y guerreros á u i tiempo, pu- 
dieron haber reunido eu sociedad tanto número de saín 
t vajes , que p asieron bajo su domin.ciou. 

La razón y los filósofos jaaus han tifora lo unas 
»u lanzas de esta clase. Gonfusio con sus sabias doc«< 
trinas y admirables Tirtudes produjo una secta t pero, 






£¡S 



fro cambió la moral tic los elimos. El estoicismo y me^ 
tafísica de Platoa , las virtudes y machimas de Sócra- 
tes , y todas las doctrinas de los sabios griegos y ro- 
manos , no hay duda , han sido unas lucos para des- 
cubrir la senda de la moral y la felicidad, pero ellas 
han íormado escuelas , no levantado naciones ni cos- 
tumbres. La filosofía tiene un resplandor que alumbra, 
y una fuerza que guia , pero no obra sino muy poco 
á peco. (8) Es a' la manera de una planta , que por su 
desarrollo lento , crecimiento débil , y frutos tardíos 
bo deja gustar estos al que la siembra , sino a' la segun- 
da ó tercera jeneracion. Tal es la condición miserable 
ele nuestra especie ; respetar la costumbre por viciosa 
^ue sea , resistir ó ser indiferente a la insinuación por 
las mejoras , y solo ceder al bien por la fuerza ó el 
prestijio. 

Las últimas revoluciones de Europa en favor cLe 
la libertad son la prueba mas incontestable del poder 
¿le la costumbre. ¿Dónde mejor que en Francia fijó 
su asiento la filosofía ? ¿ De dónde partió ese torrente 
de luces que ha iluminado al mundo , é ilustrado las 
¡deas de los pueblos mas remotos ? ¿ cuál es la cuna de 
ese amor ecsaltado a la libertad, que ha hecho tem- 
blar los tronos de los reyes , y formado el espíritu 
del siglo ? sin embargo hemos visto sucumbir la sabi- 
jduria a la ruajia de las maneras rancias , agonizar una 
república poderosa entre la guillotina y los puñales, 
y sepultarse la gorra bajo el pedestal del déspota mas 
ambicioso y emprendedor. 

¿Qué es de la España con todos sus esfuerzos 
toor levantar el imperio de la ley? sus sacudimientos 
íieroicos han bailado contra sí todo el poder de las 
preocupaciones , todo el coraje del fanatismo , toda la 



.; [8] Las luces y las virtudes no pueden afectar je- 
neralmenie á todos los individuos de un pueblo , y 
nunca se llegará ü ver una nación de sabios y vii'- 
tuatos. Solo toca á un gobkrno ilustrado producir la. 
sabiduría y la virtud en la acción ; procurando que 
aunque no todos sean sabios y virtuosos , obren por: 
tespeto á las leyes t como s¿ fuesen tales \ 




a3 

indolencia Je una" esclavitud sostenida , f no b s?r?d 
bastante i resistir tantos combates. Bien sé que h o^U 
nion por la libertad es can jeneral en el mundo ci- 
vilizado , que su poder es ir,v< ncib'e , que los derechos 
de los pueblos triunfarán al fin de la usurpación de los 
tiranos rpero entre lanío, las viejas costumbres eiYsan 
los caminos , los inundan de sangrq , v no es sino ai 
fuerza ¿o hacba, que se logrará desmontar las malezas 
de L antigua senda para llegar ios hombres a! templo; 
de la razón y la virtud. 

¿Y seremos nosotros tan felfees aw» enelmo* 
mentó mismo de adquirir nuestra independencia poda-4 
snos acomodarnos sin repugnancia a' nuevos principios 
t nuevas habitudes? ¿será po ¡ble que sin salir toda* 
via de la sorpresa que ha causado la jornada de Aya-« 
cucho , volvamos á tomar una marcha serena por uní 
camino dd todo contrario al que seguíamos dos años há?, 
Pensar que los hombres obedezcan las leyes positivas 
por instinto , es suponerlos raeros autóraas" sin razón ni 
voluntades propias : querer que las adopten por con- 
▼encimiento^es figurarlos por naturaleza ilustrados y vhx 
tuosos; y si estas suposiciones son alguna vez el fuaw 
¿amento de un lejislador , él podrá dar una bella tecn 
ría , no una constitución política. 

Es menester pues, respetar la fuerza de la cos^ 
tumbre, na atacaría directa y violentamente. Ella m> 
es_un muro que se pueda batir en brecha , es una moin 
tana^ que solo se puede allanar con el trabajo» 1» cons- 
tancia y el tiempo. Cualquiera violencia que se íe ha-i 
ga , producirá un redíase contra et temerario que la 
emprenda. En el Peni por lo menos , resentido ana 
de su educación colonial , querer chocar de frente y. 
desde lu^go, con los vicios inveterados de que adolecen 
eena .a mxmo que prescribir á un enfermo pasos fir- 
mes acelerados y rectos. Esto no produciría en él sino 
ajitacion de humores, convulsiones mortaies , y una 
«steuuacion que la llevase al sepulcro. 

Pero^ no basta dinjir la moral , y manejar coi* 
tino los antiguos hábitos i es necesario también, rom» 
Jemos nidio* debilitar la fuerza de las aspiraciones., 
Instas descubren va una tendencia á la ocupación dcr 
f& aJtos deslióos l al goce de toda clase, de euiuleoe^ 




■■ 



' 



al triunfo de opímones privadas que se palian con !a 
idea del interés común , y á un a' los siniestros fines 
de muchos que no esla'n avenidos con el sistema de 
la independencia. Esta es una lid tanto mas terrible 
cuanto mas ejecutiva , y cuanto que una esperiencia 
muy de cerca nos debe hacer recelar sus espantosos 
efectos. 

Nosotros hemos visto precipitarse sobre el con- 
tinente, á la manera de una lluvia de piedra, las pa- 
siones ana'rquicas vestidas con el ropaje de la virtud, 
y brotar la discordia en las provincias , en los pue- 
blos , en las aldeas. La ambición , ese monstruo feroz, 
que todo lo atropella por conseguir un triunfo aunque 
sea efímero , ha puesto en confusión los Estados en- 
teros , y comprometido mil veces la independencia, 
jantes que ceder de su orgulloso empeño. 

La fuerza de las opiniones amalgamadas con 
los intereses particulares perdieron la banda oriental, 
entregándola a' una potencia estranjera , y dislocaron la 
unión que reinaba en las provincias del Rio de la Plata. 
Desde entonces se ha observado con dolor la contra- 
marcha fatal que aquellos desgraciados paises han dado 
en el camino de su organización (g), y á penas po- 
dra'n describirse las horrorosas consecuencias de su fre- 
nesí. Nació en ellos por la influencia mortífera de un 
principio malo ese fana'lico sistema de federación , que 
rompiendo los vínculos mas estrechos hizo batir á unas 
provincias con otras hasta consumirse mutuamente. ¿Se 
podra'n leer con animo sereno los horrores de esa anar- 
quía tan tenaz y desastrosa? ¿No causará espanto la 
sangrienta guerra qne se declaró entre Salta y Tucu- 
man , entre este y Santiago del Estero , Santa fe cor- 
rientes y la Rioja entre sí y con Ruenos-Ayn s, Men- 
doza eon San Juan San Luis Sí'c ? ¿ No admira que 
en diez y seis años de independencia sostenida no ha • 
yan podido hasta hoy constituirse , ni arreglar sus re- 

(9) ¿ Cual fué la suerte de la constitución sancio- 
tiada en 22 de abril de 1819? Parece que eVa fué 
la caria en c¡ut escribió el destino el funesto decreto 
de la división de las Provincias-Unidas. 









laciones , 
hay una 



*5 

a' pesar de que entre aquellas provincias sol© 
raza , un carácter , unas maneras , y unos 
intereses? ¿ Parece creíble que ni la debilidad de ca- 
da provincia por sí en fuerza de su despoblación y 
falta de recursos polílicos , les baja permitido pene- 
trarse de que su fuerza y prosperidad solo consisten en 
Ja, unión, ó mas bien en la unidad nacional ? Gracias 
a que la inmensa cstencion de terreno que ocupan, los 
grandes desiertos que separan unas de otras, y Ja íe« 
cundidad de su tutío , ban impedido que su ruina sea 
.total, y que el esterminio de sus habitantes ha va sido 
v\ término de las desaNenencias ; pero sobre todo, que 
la misma naturaleza áel pais , y ia guerra en Chile 
y el Perú, que llamó la atención délos españoles, las 
ha libertado de una invasión bastante á subyugarlas de 
nuevo al sistema colonial. ft*ü#v< y 

La república de Chile cuenta ya dréz anos de 
acsistencia desde la batalla de Chacabnco, y nueve des- 
de que con la victoria del Maypu arrojó de su seno 
á los peninsulares. Este pais priviíejiado por la natu- 
raleza , y dotado con todos los elementos físicos y mu- 
chos morales que bastan para hacer feliz á una nación, 
do ha podido hasta ;quí constituirse (io) , m se calcula 
la época en que pueda lograrlo. Defendido por todas 
^partes contra las tenfatívas esteriores , ceSido á una ór- 
bita regular , provis.'o de una población homojénea, y 
lleno de artículos mercantiles en los tres reynos , pa- 
recía muy natural, que terminada la guerra con loses- 
panoles , no pensase sino en arreglar con firmeza su 
réjimen inteiior. Sin embargo no lo ha hecho ; y por 
el contrario se resiente á cada paso de unas convulsio- 
nes capaces de desciar el Estado , y aun trastornar su 
ser político , si circunstancias inesperadas y felices, no 
hubiesen desviado el golpe de las desgracias. 

i Que es lo que mantiene á Chile en un estado 
indefinido , sin poder fijar todavia la suerte y carac- 



(10) Todos snben el ningún efecto que produjo la 
éonstiiucion de cruel Estado promulgada en 2,9 de di- 
ciembre de 1823 , á pesar de que ella ha nwrecide 
en Europa ¡a aprobación de los sabios. 

4 



mm 



■ 



26 

•teres de su gobierno ? La ambición , y las pasiones 

de sus gobernantes , dirán unos .♦ las pasiones y opi- 
niones de los gobernados serán la causa, según el sen- 
tir de otros.* pero es en mi entender, »que no puede 
¿,tñ dehe un nuevo Estado decretar su réjimen propio, 
,, mientras que por el choque mismo de las pasiones 
9 , y opiniones encontradas , se descubre ese carácter 
,, común que forma con destreza las transacciones en 
3, favor del interés jenerai« (11). Sea lo que fuere : el 
hecho es , que las pasiones y opiniones entorpecen en 
aquella república ese movimiento regular , y la mar- 
cha majestuosa , que le indican y protejeu su posición 
estén cion población y recursos. 

La república de los Estados-Unidos de la Amé- 
rica central (12) por su mayor procsimidad á la Europa, 
que la espolie invasiones enemigas, debió haberse con- 
ducido con la circunspección que necesita un Estado 
en su nacimiento para formar la fuerza y unidad de 
acción 5 pero por desgracia ha tenido que sufrir ya 
cinco revoluciones intestinas , y aun no sabemos cual . 
sea el punto en que baya de fijarse su carrera incierta. « 
■ — No hablaré de Méjico ni de Colombia. Las varias 
oscilaciones de estos dos Estados han nacido del mismo 
oríjen , y debido pasar por los herrores de la ines^e- 
riencia y los esfuerzos de lorias las pasiones, que siem- 
pre descubren una igual tendencia , y que no ¡b¿.ben con- 
tenerse sino por una manojnoderosa_ y benéfica. 

Estos fenómenos que tenemos a la vista en nues- 
tro emisferio , deberían ser materia de serias refaccio- 
nes para formar sobre nuestra suerte un juicio fundado 
en la analojía. (i3) La desgracia es, que machos no 



(11) Hay para las naciones , como para los hom- 
bres , un tiempo de madurez , que es necesario es~ 
perar dutes de someterlas á las le jes. s=z Contrae. Soc* 
cap. 8. 

(12) Esta república ha adoptado el sistema federal^ 
formando de cada intendencia antigua un Estadp. 

( 1 3) Se dice por algunos , que el Perú se halla en 
él estado de perfecta paz : que sus pueblos son dóciles 

y pacíficos por jenio , j- que el temor de su anarquía 



^HHBI^H 



27 
los observan filosófica y pánicamente : qmaá los mi- 
ran con sereuklad, cual si fuesen auroras boreales ó 
australes , que no soben aparecer en la zona ardiente. 



es un fantasma forjado en las cabezas melancólicas. Es 
verdad, que por lo jeneral los peruanos tienen un ca- 
rácter dócil , y <] ue P or esla wisma docilidad es mas 
fácil guiarlos por el camino de la sumisión acia los 
adelantamientos de que es suceptible la estencion de su. 
(ajenio : pero es menester distinguir las virtudes pa- 
sivas, que produce el gobierno paternal teocrático ó des- 
pótico, délas virtudes activas, que son el alma del ré- 
jimen democrático» 

Entre las primeras se cuentan la obediencia^ 
el respeto ó el temor, tínicas que son necesarias para 
sostener el gobierno absoluto. En efecto , como en esta 
clase de gobierno está reasumida la razón y voluntad 
jeneral, que es lo que constituye el oríjen de las le- 
res ( Mabli : derechos y deberes del ciudadano ) , solo 
al monarca toca pensar y querer lo verdadero y lo 
bueno , pera conducir al pueblo á su bien ; y á este 
no incumbe otra cosa que cumplir ciegamente las ór- 
denes que se le prescriben. En este sentido es, que 
dice Montesquien, no ser necesarias las virtudes en 
las monarquías, porque por todas ellas suple la su- 
misión. 

No es así en el sistema republicano. En este y 
todos los ciudadanos toman una parle activa en los 
negocios mediata ó inmediatamente: todos ellos son 
lejisladores en ejercicio próesimo ó remolo; y el cum- 
plimiento de las le res no nace en las repúblicas del 
temor ni de la sumisión, sino del convencimiento acej> 
ca del interés propio y común, del amor al bien 
jeneral, del desprendimiento de las miras personales, 
y en fin de todo aquel fondo de ' virtudes que se 
llama patriotismo* 

No confundamos pues las ideas. Si en el 
Perú hubiese de adoptarse el gobierno absoluto para 
su réjimen propio, seria muy útil su docilidad, pues t o 
que ella ha sostenido el colonial bajo la dominación 
de los españoles, y el teocrático en t¿crr.fo_ do los In* 



■ 





s>8 
Pero volvamos los ojos a nuestra admósfera: recorre* 
naos los dins tormentosos que precedieron al o de 
diciembre tle 82^, y sg desvanecerá' la niebla que quita 
de la vista el hondo abismo a' cuyo borde estamos 
sentados.... ¡Días de Riva-A güero y Torre -Tagle!..» 
anarquía feroz... traiciones inauditas... conspiraciones cri- 
minales... presentad boy a' esa imajinaclon placentera 
de las almas fríb'olas- el cuadro horrendo en que las 
furias mismas imprimieron los colores de la sangre 
y- el delito 1- avisadles por la historia de lo pasado los 
riesgos del por venir: quiza' entonces los espíritus atolon- 
drados se detendrán a' contemplar por tío momento los 
peligros que nos rodean, y temblarán de que se repitan 
tari funestas escenas.^ 

Mas sin esto, los datos que se han apuntado » 
an'es sobre los elementos de disolución que por 
d© quiera nos cercan, bastan por si solos para temer- 
lo todo. No olvidemos que hay entre nosotros nu- 
merosas castas con caracteres é intereses encontrados? 
qué sentimos en nuestra moral é ideas los tristes efectos 
de la educación servil: que el quijotismo conserva su 
ilusión: que el sistema de privilegios se halla tenazmente 
sostenido: que la empleo-manía es epidémica : qm el 
minero de descontentos por su propia suerte es infinito.- 
que» viven entre nosotros con libertad, y aun influjo, 
porción considerable de enemigos de la independencia; 
que á cada paso se percibe el choque eetré patriotas, 
egoístas, ■ y godos.» y que revolotea por todas partes 
un enjambre de teoristas ecsahados, Cuyo empeño es 
plantear si«s proyectos a toda costa. 

cas: pero peca organizar el representativo, ellán9 
basta, y aun perjudica : es necesario crear otras 
virtudes r que, hablando de buena fe', no hemos poseído 
hasta aquí. Tales son, el «mor nacional, el espirita 
público, el deseo reglado de la igualdad civil, la ded to- 
cación al trabajo § r c. Por esto es, que no debemos 
confiar demasiado de la docilidad peruana para levan* 
tar sobre ella el edificio de un gobierno popular, sino 
tratar de que se formen progresivamente entre noso- 
tros las y ir ludes activas que son su propio cimiento^ 






2 9 

¿Y no es este nn esta.lo efectivo de guerra? 

¿No palpamos contó coi» las manos ese principio do 
división , que hace leí Peni un campo i|e batalla 
á los ojos de un jénio reflecsWo? ¿Wo alve.úuios 
esos interés- s, pasiones, aspiraciones, y opiniones en 
actitud de desplegar toda* sus fuerzas, y emprender 
el combate a' la primera s» Tul <le alarma? ¿No es 
muy fácil, diré mejor, no es natural que empiezo 
la rt friega en el momento que se quite del medio 
el- muro que atoja los movimientos? (i-4)» 

Se horroriza la imaj i nación al contemplar los 



(i4) Los cuerpos morales están sujetos por un 
orden eterno á las mismas lejes que los cuerpos 
físicos que tienen un principio vital. El animal y* 
la plañía que nacen crecen enferman y mueren, no 
pueden dejar de tener en sí ese movimiento inter- 
no, que si es arreglado, sostiene y fortifica la or- 
ganización) si es desordenado y vicioso altera la 
máquina, descompone sus combinaciones \ y produce 
necesariamente la disolución, á no ser que un ájente 
vuelva al orden los movimientos* 

Todos los químicos juntos no podrán impedir 
que un cuerpo viviente deje de moverse, porque el 
movimiento es la misma vida. Tampoco podrán impe- 
dir que el movimiento ordenado produzca efectos re- 
gulares, y el desordenado irregu! ares y si primero no; 
se quita el principio del desorden. 

De- igual manera las naciones ó los pueblos^ 
que" son unos seres morales vivientes, tienen por esen- 
cia un principio de movimiento que consiste en las ideas: 
y afecciones. St estas son física ó moralm^nte uni- 
formes y arregladas, todo será orden, regularidad^ 
armonía-, si desarregladas y opuestas, no. pueden- dejar 
de causar choques- y desordenes que produzcan la 
disolución abs o 'uta del cuerpo. Todos los polit'cos jun- 
tos no podrán eludir los buenos efectos de un mo* 
vimiento arreglado y uniforme, ni menos evitar la fu* 
nesta acción de los principios de división y desorden,* 
á saber, la anarquía y la fgmrai tm_ que se desvÍQ 
el grinctgio del mal. 



3 °, 

males qne en taí caso venarían sobre nosotros. Des- 
pués de 1 5 años cíe mía guerra desoladora en que 
los españoles han armiñado de intento al Perií r ¿co- 
mo podría soportar mía guerra intestina? Las minas 
en su total decadencia, la agricultura abandonada en 
muchas partes por falla de brazos y de fomento, los 
capitales aniquilados, el comercio desigual y meramente 
pasivo, la moral de los pueblos todavía mas relajada,. 
Jos ánimos inquietos por aspiraciones que antes eran 
desconocidas, el vulgo impregnado de ideas falsas de 
libertad é igualdad, hacen de nuestra república mi en- 
fermo de suma gravedad, con síntomas complicados de 
debilidad, y acritud de humores. Cualquiera convulsión 
que hiciese un progreso, obstruyéndolos canales de nues- 
tra subsistencia, agotaría el corto residuo de los re- 
cursos; disolvería en eí momento la unión moral y po- 
lítica, único principio de nuestra vida actual ; armando- 
unas provincias contra otras, la sangre correría á tor- 
rentes, la hambre, la peste y la despoblación serian 
el resultado do todo; y entonces nuestra independencia 
habría sido para nosotros la caja de Pandora, y en 
medio de la desesperación y la miseria aspiraríamos á su- 
frir de nuevo el yugo español, ó el de otra potencia, 
que con la cadena en la mano nos trajese la paz (i5) ( 
¿Cual será pues el remedio preservativo de ua 
mal que nos amaga tan de cerca? ¿Sera'n las leyesr 



(i5) Hablando M. Azais de la suerte de América 
meridional, se esplica asi: las naciones del Ernisferio 
boreal serán inevitablemente los arbitros de su ecsis- 
ten cía. Hasta hoy ha sido quizá su intención dejarla 
consumirse, deborarse entre si, y agotar todas las 
fuerzas de orejen europeo, que por su violenta discordia 
han puesto todo este grande continente en convulsión 
espantosa. De una parte y otra estas fuerzas encara 
nizadas y divididas se combaten sin otro resultado 
<ju<> destruirse. Al término de su destrucción, ó de su 
¡debilidnd, la América meridional será casi reducida 
fi sus recursos locales, y á sus indijenas; y entonces 
filia estará sin resistencia á disposición del emisjeria 
boreal. Curso de Filosof. jener. 



3i 
«rué pongan a' raya a' los gobernantes y gobernudos; 
y establezcan la armonía que debe reynar en todos? 
Parece á primera vista que este es el linifco arbitrio, 
y el mas cKgiw tle una nación que aspira al goze 
de sus libertades* pero él es el mas difícil de plan- 
tearse, y el fruto último do los trabijos que Ja filoso- 
fía y la polilica pueden emplear para perfeccionar las 
instituciones sociales. El establecimiento de leyes sabias 
tío es el que por si solo bace virtuosos á los pueblos, 
porque su observancia es la virtud misma. (i6) 

Es verdad que la sabíduria de las leyes pone 
y fomenta la semilla de las virtudes, mas su ejecución 
¿o es obra de ellas solas, sino de oíros principios que; 
le dan una fuerza activa. Esta no consiste en el papel 
y tinta con que están escritas, no en la persona^ moral 
ó fínica que las dicta, no en la razón y justicia en 
que se fundan. Por esto es, que no hay ley alguna 
por justa sabia y benéfica que sea, que no encuentre 
en los principios de su establecimiento grandes resis- 
tencias para su ejecución, y solo el tiempo y la fuerza 
pueden fijar su peder. (17) 

En efecto las leyes necesitan en las naciones 
de aquellos grandes hombres que se hacen recomenda- 
bles en la historia por sus virtudes. Ellos solos coa 
su carácter firme han sabido imponer á los demás el 
respeto á las reglas que deben nivelar su conducta; y 
cuando por sí no lian tenido la fuerza suficiente para 
someter las voluntades al imperio de la razón, han 
tomado del Cielo prestada su influencia. 

¿Que otra cosa es la historia de los pueblos 
desgraciados ó felices, sino la de ios grandes hombres 

(16) Porque Minos no habiz diciplinado sino á tin 
pueblo cargado de vicios, se vieron en Creta buenas 
leyes r malos hombres» Puso. Coat. Sóc* 
* (17) Para hacer libres á los pueblos es menéete* 
oprimir antes á ios hombres. Este es el epígrafe ave 
puse al Robespierre peruano, impreso en Luna en. 
$2 3. Tal ha sido desde antes mi modo de pensar. 
sobre e¿ medio mas seguro para amentar las buenq£ 
instituciones. LA FUERZA rafional y benéfiau 







32 

malvarlos, ó virtuosos que han producido? Ella nos 
muestra valientes guerreros ó crueles tiranos, reyes bue- 
nos ó emperadores déspotas, s-bios . tajisladores ó 
institutores necios, héroes del amor patrio ó traidores 
a' su suelo. Los pueblos por sí solos nunca han hecho 
una figura interesante en el cuadro de la historia, 
y su suerte no se busca siuo en las épocas de sus 
diversos gobernantes. Si estos fueron sabios y justos, 
los venios en prosperidad, si malvado.??, en desgracias, 
si necios, en peligros. Las Repúblicas griegas debieron 
su forma virtudes y libertades á Licurgo, Solón, Dra- 
gón, y Miuos; y la hija de Rómulo no abauzó en 
sabiduría, poder, y grandeza, sino por las virtudes 
de su fundador, y patriotismo de Bruto. Los Norte- 
Americanos deben a Washington su libertad prospe- 
ridad y esplendor; y los veinte anos que este kouihre 
admirable sobrevivió al reconocimiento de la inde- 
pendencia de su patria, fueron los preciosos días que 
fijaron la suerte de esa nación afortunada. (i8) " 

¡Esto ^ prueba que los pueblos siempre necesitan 
para subsistir progresar y hacerse célebres, de que 
baya ciertos hombres estraordinarios que con sus virtu- 
des y sabiduría, conduzcan á sus hermanos por la 
senda del bien, y que con una acción suave y fuerte 
los separen de los peligros á que está espuesla la 
ignorancia humana. Prueba también que las leyes 
sin aj entes que cuiden de su cumplimiento, son como 



(i 8) No sin razón algunos pueblos de la antigüedad 
confiaron d un hombre solo la formación de sus le jes* 
La República Bolivia ha dado en esto un ejemplo de 
moderación prudencia y gratitud, que hace honor á su 
asamblea deliverante del año anterior. Esta hd pedido 
al Libertador una constitución, satisfecha, de que sus 
talentos, sus virtudes, y su grande esperiencia en 
toda la revolución, podrán hacer mas que las luces 
de les sabios para arreglar la forma y conducta de 
un gobierno naciente. Cuando la sabiduría y la virtud 
están unidas eminentemente en un solo hombre, este 
Lajjta para hacer feliz todo el espacio a' que alcanza 
su influencia. "Véase a' Dcslult de Tracy. 



■■N 



33 
el fuego- eléctrico que no alumbra m" quema sin el 
choque que produce la ehispa. Prueba en fin, que la 
moral nacional no es obra sola de las leyes, sino pnn- 
¿pálmente de los que puestos al frente de la adminis- 
tración poseen un fondo de virtud y el carácter preciso 
para inspirar respeto acia las instituciones. Feliz el 
pueblo que ha va logrado un fundador virtuoso, un 
lejislador prudente, ó un guerrero que sepa defender 
la honra y derechos' de la nación. En él tendrá el 
padre de su ecsislencia, el guia que le marque los pa- 
tos en el camino del deber y la éjida de su seguridad. 

El destino ha dado al Perú un hombre de esta 
clase. Bolívar es el criador de su. ser y el único 
que puede conservárselo: el solo con su sabiduría y 
virtudes puede desviar á mil leguas el desorden: su nom- 
ine es una constitución, porque con su opinión infun- 
de un respeto á la ley donde quiera que se perche 
su voz: el que con su espada vencedora aleja á 
los enemigos mas allá del Atlántico. JNo hay otro 
nombre sobre la tierra por el que podamos ser salvos» 
¿Y «eriamos rosotros tan Insensatos, que no le 
fiásemos sin reserva toda nuestra suerte? ¿Seriamos 
1*n débiles, J tan imprudentes que no lo sujetásemos 
cotí la .gratitud la ccnfiar.za, y el amor, para que sea 
el alma en nuestros negocios? ¿Permitiríamos <pie el Perú 
se envolviese en dergracias por no conservarlo á toda 
costa? ¿Quien por ahora llenaría su lugar? ¿Quien 
otro tiene una virtud tan probada, una opinión tan 
sostenida, y un respe lo tanjeneral? ¿Qnien será bastan- 
te á establecer el imperio de las leyes, sino el nom- 
bre de Bolívar? ¿Quien otro puede inspirarnos una 
confianza tan ilimitada, y desterrar todo asomo de temor 
de ser oprimidos ó tiranizados? Yo no trato de hacer 
injuria á unos pocos hombres insignes que durante 
la guerra h*n recomendado altamente su mérito á nues- 
tro respeto y gratitud,- pero ellos mismos cederán con 
justa deferencia el supremo asiento á este hombre subli- 
me, á quien la América debe toda su gloria. 

Á mas de la necesidad que tiene el Peni, de 
mantener á toda costa el órc'en y tranquilidad interior 
bajo los auspicios del fundador de su libertad, necesi-i 
ta también de su respeto para arreglar y fijar sus re-. 
Jacioues esteriores. 5 



m 

Los departamentos del Alto Perú por haber com- 
puesto con los tlel Bajo un solo Estado en el imperio 
de los Incas, por la uniformidad de casias, maneras, 
producciones, industria, comercio, intereses, y vínculos 
de sangre, parecía estar llamados á ser unos con loa 
nuestros. Su posición misma geográfica, qne 110 forma 
sino un plano homojéneo en el mapa de la América, 
y la naturaleza de su terreno, hace una identidad en la 
espacie y las ideas. Asi es que su separación en el 
gobierno, solo pudo haber subsistido sin grandes in- 
convenientes én el sistema provincial bajo el dominio 
ele los reyes de España. Entonces poco ó nada podia. 
influir la división de los territorios, porque la nacio- 
nalidad era la misma, y no se conocian mas que re- 
laciones internas de provincia á provincia. 

Mas hoy, que con la declaración de su inde- 
pendencia absoluta bajo un gobierno y bandera propia, 
forma Bolivia uua famitía distinta del Perú, ha cam- 
ínalo enteramente el estado de las cosas, y se hace 
preciso uniformar nuestras constituciones, ó arreglarlas 
de una manera estable y ventajosa a ambas repúblicas. 

Yo estoy muy distante de poner en cuestión la 
conducta de la Asamblea deliberante de Chuquisaca en su 
solemne declaración por la independencia. Ella ha si- 
do la obra de la circunstancias, y sobre todo la espresion 
libre de su voluntad, á que tiene derecho todo pueblo 
que no está ligado con pactos anteriores. Este punto 
no es de mi propósito, (19) y requiere un tratado de- 



(19) Sin embarga no parecerá fuera del caso co* 
; piar aquí lo que dice Tracy en. su Comentario sobre 
el espíritu de las Leyes, .lib. 9. Para un estado dé- 
bil vale mas unirse á otros muchos por algunas alian- 
zas ó por una federación, que es la mas estrecha da 
'las alianzas, que quedar solo y aislado; pero si todos 
estos estados unidos no formaran mas que uno, sin 
duda serian mas fuertes, y esto puede hacerse por 
medio del gobierno representativo. Nosotros nos ha- 
llamos muy bien en América (del Norte) con el sis- 
tema federativo, porque no tenemos vecinos temibles; 
pero s¿ la república Francesa hubiera adoptado este sis- 
tema, es muy dudoso que hubiese podido resistir á 



masiado serio para discutirlo con dignidad. $oTo me 
limitaré a' convencer brevemente la necesidad que te- 
nemos de la alta influencia é interposición del Liber- 
tador para establecer estas mismas relaciones y cimen- 
tar la armonia que por abora mas que nunca nos con- 
viene sostener. 

Eniie Uolivia y el Perú son tan estrechos los 
vínculos, que aun supuesta la separación absoluta de 
gobiernos, no puede dejar de conservarse la unidad de 
acción y uniformidad de instituciones, sin que cualejuie- 
ra diverjencia no produzca la rivalidad, el rompimien- 
to, y la ruina de aniJbas, (20) Entre una y otra no 
hay límites naturales como son el mar, las montañas, 
y los ríos caudalosos: la linea divisoria que separó á 
los dos virreynatos, y divide boy los dos territorios, no 
solo es ideal, sino absolutamente irregular en toda su 
lonjitud (2 1) Los prepiedades eslari tan confundidas 
ó identificadas, que muchos vecinos de las provincias 
limítrofes poseen biei es raices en el Perú ó en Soli- 
via indijtintameute. El comercio es tan mutuo, inti- 
mo, y necesario, que varias provincias del bajo Pe- 



todd la Europa con. o lo hizo permaneciendo una é in* 
divisible. Regla jeneral: un estado gana en fuerzas 
juntándose á otros, pero aun ganaría mas formando 
con ellos un estado solo; y pierde suhdividiendose en 
muchas partes, aunque queden estrechamente unidas. 

(20) Una federación, dice Tracy y debe estar compues- 
ta de estados de la misma fuerza poco mas ó menos 
Y gobernados por los mismos principios con poca di- 
ferencia. La falta de estas dos condiciojies es la cau- 
sa de la flaqjteza del Cuerpo Jermdnico) y la oposi- 
don de los principios aristocráticos de Berna y de 
trlbourg, con la democracia de los cantones pequeños, 
ha sido muchas veces nociva á la Corjeder ación Helvética ¿ 

(21) Es esencial, dice el mismo Tracy, para la 
felicidad de los habitantes de un pais, que sus fron- 
teras sean fáciles de defender , que no estén sujetas d 
disputas y contestaciones... que tenga unos limites indica- 
dos por lo naturaleza, y que no se reduzcan á unas li- 
neas abstractas, señaladas arbitrariamente sobre un maya* 



56 
hf no pueden subsistir sin las del Alto, y muchas d$ 
'«ste sin ios artículos de aquel. 

Se hallan en efecto !os dos Estados en Ja po* 
siciou de dos hermanos, que muerto el padre coinuir 
han heredado una sola casa sin división ni linderos 
en los departamentos; y que es menester para que se 
mantengan en paz, ó que no formen sino una sol» 
familia, ó se arregle su suerte de una manera que 
jamas pueda* chocar, ya que por siempre deben vi- 

fiic juntos.. 

Esos mismos vínculos y dependencia mutua, si 
desde luego no se aseguran y sujetan á reglas fijas, 
van á producir Lien pronto una desavenencia fatal que 
ponga en estado de guerra a Bolivia y el Perú, que 
produzca la debilidad- ele una y otra, y exponga a 
ambas a ser presa de una invasión estranjera, o de 
la ambición de aquellos jéníos atrevidos que sepan a su. 
vez aprovechar las ocasiones que á cada paso ofrece la 
anarquía. Sin esto, la desconfianza y los zelos van a 
separar del todo dos países que unió la naturaleza, y 
cuya rivalidad recíproca impedirá sus progresos, e infliui 
Tá al cavo- en la ruin* de los [dos tentónos. 

Btfsauese pues una garantía que asegure, o la- 
tinidad ó la unión, á satisfacción de ambos Estados. 
Solicítese el sabio partidor de la herencia común ¿5Í 
cual será este? ¿Lo encontraremos en los cuerpos a 
individuos bolivianos y peruanos, que se encarguen 
4¡ establecer los pactos? Pero ellos, como interesados,, 
serán siempre sujetos á la desconfianza reciproca; (22) 
la opinión publica tal vez no descansará tranquila en 
sus resoluciones, y poniéndose la intriga y la am- 
bición de muchos en asecho de las ocasiones, hallara 
mil coyunturas para desconcertarlas. ¿Será suficiente 
el convencimiento jeneral sobre la necesidad de la paz 

(12) En todos tiempos, dice Yatel, ha sospechad* 
una nación de la buena fe de otra, y unn triste, ex 
périenáa manifiesta que no ha sido infundada esta des- 
confianza. La independencia y la impunidad son un* 
piedra de toqm qus descubre el oro falso del 60*4* 
zvn humano* 



■■ 



*1 

y tinion para ÉonserYar la armonía nacional? DesenJ 
ganémonos: la masa de los pueblos jamas obra por 
■ sistema, en sus relaciones políticas, sino por un im- 
pralso extraño: su instinto no tiene mas %uia que el 
interés individual, que siempre tiende a ¡ puro egnismo: 
es menester un ajenie superior cjue fije su<¡ ideas en 
un grado de confianza } y regle .sus acciones por ¿a 
fraw¡ueza. (23) 

Este por ahora no puede ser otro que el Líber 4 
tador. El es el padre común de las dos^ repúblicas:! 
á él deben ambas la independencia, y T3ouv¡a se ha 
honrado con su nombre. ¿Quien mejor que él puen 
de consiliarlas, m quien posee un derecho mas decidid 
do para ejecutarlo? El se ba adquirido eminentemen- 
te el respeto y gratitud de la América del Sur.- él ha 
merecido por su conducta jenerosa una confianza uni- 
versal -é ilimitada. El Libertador es et caduceo de 
Mercurio rodeado de serpientes, que se devorarían unas 
á otras sí se quitase dé entre ellas la vara que . las 
contiene. Quitad á Bolívar, y las repúblicas se des- 
pedazarán. ¿Por qué no no* asiremos de él? ¿Por qué 
no le fiaremos nuestro destino?. 

Por otra parte, el impelo del Brasil, ese coloso 
que se levanta en nuestro continente sobre cimiento» 
todos contrarios al sistema j ene ral de las naciones 
americanas, ha empezado ya á ejercer los actos propios 
de su constitución política. Él espíritu de lamonar* 
qma y dice Montesquieu, es la guerra y el engrm-* 
áecimientO; al paso que el espíritu de la República es 
la paz y la moderación, (*£) Los Monarcas absolu-< 
tos han sido en todos tiempos conquistadores. A Alen 
jaadro el Macedonlo, le parecía pequ.no el inundo* • 
para su ambición; y la mayor gloria de Felipe II. era. 

- . ■ * 

[23] Bastante lo ha comprobado el manejo que las* 
provincias unidas del Sur han guardado entre si. Las* 
disenclones de los pueblos limítrofes son inevitables 
miando empiezan ú no depender uno de otro: y mien-. 
tras no haya un jenio que reúna aquellos países, se* 
rá mas fácil que se destruyan, que el que se unan$ 
(nl¡) Si la República romana se hizo conquistadora^ 
fué porque su Capital era. un Monarca: asi es qu&i- 
¡a antigua Roma se llama la C1CDAP_ RE¥ t 






K ' 






38 
saber, que el sol no se ocultaba, jautos en todo el ámbito 
tle sus inmensos dominios. Por estoes que nosotros debe- 
mos considerar ai Emperador como á un cazador que 
asecba nuestros descuidos para hacernos su presa, y es- 
tender su dominación á toda la América del Sur. 

Se ha dicho también, que el Brasil es la van- 
guardia de la santa alianza, y no hay espresion mas 
propia del carácter de ese gobierno. Sus instituciones 
peculiares y las relaciones con las casas lejitknas, deben 
por siempre hacérnoslo muy sospechoso entretanto 
que los gabinetes de Europa no reconozcan nuestra 
independencia; porque ya se ha visto (jue la sangre 
de Braganza mezclada con la de Borbon,. y la de Aus- 
tria, tiende mas á los intereses y glorias de esas faim- 
jnilias, que al bien estar de los pueblos del antiguo 
y nuevo mundo. Desde que los reyes han hecho de 
los hombres una propiedad suya, ellos solos poseen derechos 
sobre la humanidad, y creen que el mundo no tiene 
para con los príncipes sino deberes. Procediendose según 
esta macsima, convertida alguna vez en dogma religioso, 
no debe esperarse de los reyes absolutos mas que toda 
clase ée insultos á la razón y la justicia. 

1 Tampoco vxt gobierno monárquico puede per- 
mitir al rededor de sí Estados democráticos. Sola a 
constitueion de estos es un enemigo poderoso de Ja 
tiranía. Las ideas de los libres alumbran y calientan 
como la luz á los cuerpos que la rodean; y una vez 
que los esclavos de un déspota sientan la desgracia 
de su condición, no dejaran de hacer esfuerzos por 
sacudir el yugo. Este es el principal motivo porque 
los Monarcas de Europa han estiuguioo las Repúblicas 
de aquel continente, y porque han tomado una actitud 
contra los nuevo* gobiernos de América. El Imperio 
del Brasil no es por consiguiente el menos interesado 
en sofocar el réjimen popular. 

A nosotros pues loca oponer desde ahora 
mismo un dique á las aspiraciones del emperador* 
estrechando nuestra unión tan firmemente, que mías, 
distancias, los rebeces, ni las pretensiones parciales pue- 
dan alterarla. Pero no hay sino un vinculo que pueda 
Picarnos de esta suerte: e$le es Bolívar. El solo a Ja 
cabeza del Perú, Bolivia y Colombia puede descun- 






"* 






3 9 
Cortar los planes del. gobierno del Brasil, é , nponec 
r«pelo i las empresa! ambiciosas. Esas tres nnpor- 
tanL secciones componen no asecillo, que para conso- 
larse necesita un laxo que las ahraze, y puedan re.» sur 
untas los golpes de la* hachas que están preparadas 
Ca dlwdlrls; v este lazo no puede ser otro que el 
uímüo que á las' tres ha librado de las cadenas. 

Vhimamenle, la conducta que en Europa y : 
con respecto á América guarda la santa alianza y los 
í^vos esfuerzos que hace España para llevar adelante 
Kw», nos obk&ni conservar en las manos la. «- 
¿,f L parece debiamqs arrimar para siempre. Hojr, 
« eo?ü<lo «ñas debemos Telar sobre nuestra seguri- 
dad ¡enera!, yara no comprometer el continente a «u 
oL en sn emancipación. Imitemos á las Repú- 
blicas griegas, cuva unión y patriotismo las saho de 
tdo el p!der de la Persia; y bagamos de Bouvar 
el caudillo común que sostenga nuestra ihertad. Con 
él la acción será una, la fuerza mdmablfc, y el ecslto 
feliz: sin él, obrando cada seocioo por «.sola faltaran 
la unidad, masa, y velocidad que se requieren para el 
suee&o de los era; des negocios. 

A' I cerrar este discurso yo me siento, altamente so- 
brecogido del rubor con que un jémo' pundonoroso 
désele sus defectos oculto! He tratado tal vez con 
sohrada claridad á cerca de nuestros vicos y enfe - 
jnedades: es siempre odioso desalar la venda que cu- 
bre nuestras heridas, y temo haber ofendido al amor 
propio nacional, qne es taa delicado como el ..id fci- 
Ll de cada hombre. El deseo de ale, ar de m, P aU; a 
los males qne la amsg n m* ha comprometido» oa 
duda, á la severldal de las opiniones: pero sano he 
acertado en mis juicios, si me he accedió en la espre- 
sion, me lisonjeo de que m. coac.enca no tendrá 
por qué condenar mis intenciones. El primer grado 
de la curación es el conocimiento del mal y de su 
ornen; v ojala que las i lea, que he yerudo, sirvan 
i ilguuos de mis compatriotas para fectií.car sus con- 

'*Éntra tanto, vo me atrevo á recordar i mis 
conciudadanos el ínteres coi. qne el grande Washin- 
gton, al despedirse d íl mando recomendó u Í03 sujos 



w. 









4o 

la paz y la unión; suplicándoles a' mas, en nombré 
de la patria, que jautas se aparten del jénio protec- 
tor de la América, á cujas virtudes lia encargado el 
destino su poder su libertad y su gloria. Este brazo 
fuerte, será el único que nos apoye y esta alma 
grande y jenerosa nos mostrara el camino que con- 
duce ¿ la verdadera y sólida felicidad. 

BOLÍVAR: yo os hablo en nombre del Perú, por 
qué soy un peruano; yo os ruego por el bien de mi 
patria, que nos sostengáis con vuestra presencia y direc- 
ción: que no nos falte vuestra mano benéfica en ia 
peligrosa senda que vos mismo nos habéis abierto. 
Vos nos disteis la vida política, vos debéis darnos 
la conservación. Si por desgracia, vuestra inodora* 
cioa os hiciese abandonar del todo al Perú deján- 
donos envueltos en el desorden, habríais cometido un 
crimen cuando nos disteis la libertad, como si un pa- 
dre engeudrase un hijo para exponerlo en su na- 
GÍmjento al rigor de los elementos, y á la boracidad 
de las fieras. Este crimen sería imperdonable en el 
tribinal de la naturaleza. Pero no: vos habéis empeña- 
do vues-tra palabra: habéis jurado favorecernos. Vivid, 
pues, O! Bolívar! aun mas en nuestros corazones 
que en nuestro suelo: vivid para el Sur mas que 
Washington para el norte: sea vuestra gloria en la 
paz mas grande que la que habéis adquirido en la 
guerra.- y vuestro nombre será la bendición de los 
'fioinÜres justos — 

Lima d i/\ de mayo de 1826. 

Benito Laso* 

. «^ 

POSCBITO 

Después de. impresa esta memoria finemos el placer 
de notar que. se ha confirmado lo que. un Saino francés 
ha dicho de. BOUi'Jfi: que cu ana mano tiene lar espada Y 
con la otra acribe códigos. Acaba de dar á luz (l Pro* 
redo de Constitución pare: Bolivia, tan democrática, chai 
pueril', ser en un sistema representativo. Quisa ella sena la 
mas propia para el Perú, porque pone diques ú la ambición 
y á la anarquía, y concilla la estabilidad del gobierno ron el 
mas amplio -yace, de la. libertad nacional. He aquí lo 
que es BÓLlrAfí; solo enpuíki la espada comía los lita» 
nos, y pura marcar cou ella, los límites del Poder. 



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